La cuestión de la inmersión

Jorge Fernández

Jorge-Fernandez-Diaz

Hablar de inmersión lin­güística en Cataluña es especialmente delicado porque es un debate lleno de pa­siones, de dogmas, y muy necesi­tado de pacificación, de razona­bilidad y de respeto. La inmersión lingüística es una técnica de aprendizaje de una lengua que, evidentemente es buena y positi­va en la medida en que como toda técnica esté sometida al cumpli­miento de los objetivos que se pretenden y también a los límites éticos y legales que toda técnica tiene impuestos. La técnica de inmersión lingüística, obviamen­te, también tiene sus límites y son de carácter legal, como es obvio, y también debe tener muy pre­sente los derechos y libertades individuales. Si lo que se pretende es conseguir que a nivel social en una determinada comunidad, una lengua sea conocida, domi­nada y usada por la población con absoluta normalidad, es también un buen instrumento, pero deberá ajustarse a los límites que expusimos antes.

Todas estas consideraciones, las traigo a cola­ción para intentar acercarnos a este proceloso debate acerca de la inmersión lingüística en Cataluña desde la razonabilidad, y no desde la pasión y el dogmatismo como dicen. Soy muy consciente de que en el año 1978 era preciso un apoyo muy especial a la lengua catalana, que es evidente, que estaba en una posición de clara inferioridad respecto al castella­no, y muy necesitada de todo tipo de apoyo para su normalización. Desde entonces, han transcurri­do casi 30 años y la fortísima in­versión de todo tipo efectuada en favor del catalán, de forma muy particular en el sistema educativo, ha dado como resultado que en estos momentos la lengua catala­na no sólo corra ningún peligro, sino que goce de muy buena sa­lud, y su conocimiento y uso esté plenamente normalizado.

Así las cosas, creo que es razo­nable pensar si es necesario seguir aplicando la misma técnica de inmersión, con el catalán como única lengua vehicular, cuando su conocimiento y uso está plena­mente garantizado y normalizado. Planteo la siguiente reflexión: ¿ Es razonable que la lengua materna de más del 50% de los catalanes- que es el caste­llano- que además, es lengua oficial, tenga en el sistema educa­tivo catalán el mismo tratamiento que una lengua extranjera? Creo sinceramente que no, y no creo que padezca ni la cohesión social de Cataluña, ni la vitalidad, ni pujanza del catalán porque algu­nas asignaturas troncales del sis­tema educativo sean impartidas en castellano. Para concluir, en un Estado de Derecho las leyes las elaboran los parlamentos y las interpretan y aplican los tribuna­les de justicia. El respeto a la ley y a los tribunales de justicia es con­dición necesaria para una convi­viencia democrática y civilizada. Por último, en el mundo global en el que vivimos el debate sobre el bilingüismo o la inmersión creo que están superadas por la nece­sidad de ir a un modelo trilingüe. En Cataluña, es preciso enseñar en catalán, castellano y en inglés. Con el catalán como lengua vehi­cular sí, pero también en castella­no y en inglés, porque nos juga­mos el futuro.

Publicado en  LA RAZÓN • Domingo. 11 de septiembre de 2011

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